viernes, 30 de junio de 2017

Viernes... orgulloso.

Hola a tod@s! 
Cada final de junio Madrid se envuelve en un arcoíris, el Orgullo Gay asalta la ciudad, toma cada una de sus aristas, la hace suya. También cada año no dejan de escucharse opiniones diversas, divergentes, convergentes, inteligentes y absurdas sobre la oportunidad de esta celebración. Al acercarse el momento rogué a mis contactos en redes sociales que, por una vez, dejaran de cuestionarse la necesidad del Orgullo. A muchos no nos gusta el botellón, para los no residentes en España aclaro que botellón es la denominación que se le da a centenares de personas bebiendo sin fin y dejándolo todo perdido de suciedad e inmundicia, esta fiesta orgullosa suele convertirse en un enorme botellón. Otros tantos no se sienten cómodos con los “fenotipos” extremos y hablo de la pluma exagerada o la excesiva masculinidad… y así una infinitud de motivos para las disonancias por estos días. Hace poco participé en un Orgullo algo diferente celebrado en Tenerife, allí se intentó darle un tono más intelectual a la cita, buscando la reivindicación, el debate, la cultura, todo sin olvidar la fiesta. Particularmente esta opción me gusta más, pero si algo me caracteriza es la memoria. No olvido y esto no entra en contradicción con el avance. Debemos recordar que fueron los “fenotipos” extremos los que se partieron la cara por todo lo que hoy tenemos. La travesti pintoreteada, el chico que se teñía las uñas y se contoneaba sobre tacones, los musculados vestidos de cuero… ellos rompieron el hielo y prendieron el fuego que otros fueron transformando en leyes. No olvido que mis primeros Orgullos se colorearon de temor y que para llegar a ellos mucho tuve que andar. Hoy es una fiesta, pero una fiesta necesaria porque, en el siglo 21 y con las leyes a favor, aún existen esos silencios que gritan hacia dentro “maricón deja de mostrarte, ya te vale”. Por eso me empeño en dar la cara. La homosexualidad es transversal, está en todas partes, aparece en cualquier estrato social e impregna todas las profesiones. Sin embargo, sólo en algunas se hace patentemente visible. Este año, una vez más El Mundo me sacó entre los homosexuales más influyentes de España, no contento con ello, El País me incluye en un reportaje donde siete caras conocidas rememoramos nuestras salidas del armario y, de nuevo, vinieron las interrogantes: “¿por qué? ¿para qué?” o las expresiones socorridas “prefiero que te saquen por tu ciencia y no por ser homosexual”, “yo te quiero igual, no me importa lo demás”… A ver, salgo porque los referentes son necesarios y en ciencia también hay LGTBi. A ver, sirve para hacer natural algo que no es frecuente. A ver, por mi ciencia salgo cada dos por tres también, pero es que además soy gay, muy gay, re-contra gay y si hay un pichón de científico en Macondo que además se masturba pensando en su amigo futbolista quiero que tenga un referente. No me digas más la absurdez de que “me quieres y lo demás no te importa”, a mí sí me importa con quien compartes tu vida, a quien amas; conmigo puedes compartir tus gustos por una u otro, tus problemas maritales o simplemente de cama, ¿acaso no somos amigos? Pues eso viene en el pack. Me cansan enormemente las situaciones incómodas que se generan cuando aparezco con mi chico en una fiesta, me molesta extraordinariamente la insensibilidad de quien nunca se ha sentido rechazado por ser quien es y pretenda hacerme ver que todo está resuelto. Pero si hay algo que me irrita superlativamente es que estos comportamientos vengan de homosexuales que, mientras disfrutan de lo logrado por otros, hablan de contención, procesiones internas u orgullos de otros. Amig@s, reflexionad sólo un poquito la próxima vez que tengáis la necesidad de expresar vuestra opinión sobre algo para lo cual hay que tener huevos para hacer. ¿Acaso creéis que no soy consciente que con todo esto hay puertas que se me están cerrado? ¿Cuántos de vosotros mismos no habéis re-pensado invitarme a un evento, una fiesta, un comité, por aquello de que es gay, será patente porque lo soltará en cualquier momento, le parará los pies a quien haga un comentario sobre el tema y un largo etcétera? ¿Sabéis las veces al día que tengo que aguantar tonterías y expresiones homófobas que están incorporadas en el habla cotidiana? Las palabras son conceptos, no lo olvidéis.
Y si con todo esto no os he convencido, al menos cortaos de decirme boberías porque seguiré dando la cara… este año han sido portadas en El Mundo y El País, el siguiente las que hagan falta, porque seguiré perteneciendo a tres minorías, soy homosexual, inmigrante y científico, estoy orgulloso de las tres y seguiré haciendo bandera de las mismas.
Os quiero, 
Ed.

3 comentarios:

Cësar dijo...

No puedo estar más de acuerdo con lo que dices. Ojalá hubiese más personas con las cosas tan claras como las tienes tu.

Anónimo dijo...

Merece ser una editorial en El Pais.

Anónimo dijo...

Yo pienso que en vez de desfilar por “El orgullo gay” con todos esos extremismos escénicos (que nos representan a algunos pero ni mucho menos a todos) debíamos desfilar por “El perseguido gay” porque siguen habiendo millones de gays que no pueden actuar libremente porque en ello les va la vida: los patean, los cuelgan de una grúa o los despeñan por un barranco. Como la mayoría de los otros seres humanos, los gays somos excelentes y muy adeptos a enfocarnos en problemas secundarios y evadir totalmente los problemas primarios.